¿Tienes el control de tus inversiones o sientes que tus inversiones te llevan a ti?

En el mundo de las inversiones financieras es común encontrarse en situaciones en las que uno siente que no tiene el control sobre sus inversiones.

En este post te contamos los principales errores a gestionar para evitar quedarte enganchado en una inversión no deseada:

El primer error es pensar que una inversión es a largo plazo.

No hay inversiones a largo plazo, sino objetivos a largo plazo.

Un objetivo puede ser: “Voy a poner mi dinero a trabajar durante 10 años para rentabilizarlo y batir la inflación”, o “Voy a poner mi dinero a trabajar a largo plazo para sacar una rentabilidad media anual de X%”. Pero nunca un objetivo debe ser: “Voy a invertir en Telefónica (por ejemplo) a largo plazo”. Sin embargo, esto último es lo más habitual, siendo absolutamente irracional. Por seguir con el mismo ejemplo: Telefónica en 2008 cotizaba a 21 euros, y hoy lo hace por debajo de 10… ¿es que 8 años no es suficiente largo plazo? Quizás no. Entonces podemos remontarnos al año 2000, cuando cotizaba a 25. Pues bien, el que compró a ese precio hace 17 años, hoy se encuentra con que su inversión “a largo plazo” cotiza con un descuento superior al 60%…. casi nada.

Un activo que se compra con idea de mantenerlo a largo plazo corre el riesgo de ser una inversión fallida de la que al final acabas siendo prisionero, porque el mundo cambia y cada vez a un ritmo más rápido. Una compañía líder hoy, mañana puede estar a la cola del sector (caso de Nokia por ejemplo, que cotizaba a 38 antes del lanzamiento del primer Iphone en 2007; hoy cotiza a 5).

Por lo tanto, no hay inversiones a largo plazo, sino objetivos a largo plazo y las estrategias utilizadas para conseguir esos objetivos se deben controlar a corto plazo para evitar disgustos innecesarios.

Lo mismo ocurre con los fondos de inversión. Cada fondo tiene su política de inversión y por lo tanto, su momento de mercado. No puedes enamorarte de un fondo porque “siempre” lo haga bien, cuando menos te lo esperes te llevarás una sorpresa, ya que los ciclos se encargan de alterar las valoraciones de los activos, siempre. Pasa con la renta variable, la renta fija, los inmuebles, materias primas… pasa con todo lo que tiene precio.

Por eso no puedes permitirte tener una inversión sin gestionar con la excusa del largo plazo, porque si empiezas a perder, nunca encontrarás el momento de vender.

El segundo error es no saber materializar los beneficios.

Los inversores experimentados lo saben: cuando las bolsas suben y suben y todo el mundo gana dinero, es muy difícil bajarse del mercado, sin embargo es el indicador más fiable para empezar a estar alerta. La complacencia es el mayor riesgo de todos, porque la vuelta de mercado te pilla desprevenido y aunque la tengas delante, no quieres verlo, niegas la mayor. Por eso en el momento de la compra hay que fijarse de antemano un nivel de beneficio objetivo (profit taken) para, una vez conseguido, valorar si es conveniente preparar una salida de la inversión. Lo ideal es un nivel de beneficio coherente con el análisis previo de dicha inversión. Si una vez revaluada la situación de la inversión decidimos no salir y continuar en ella, deberemos tener previsto un nuevo nivel de beneficio objetivo de salida, momento en que volveremos a revaluar la idoneidad de la posición. Y así sucesivamente.

Debemos ser conscientes de la importancia de materializar los beneficios acumulados. No hacerlo implica los siguientes riesgos:

  1. Pérdida de las plusvalías latentes y riesgo de pérdida de capital.
  2. Incremento sustancial de la volatilidad de la cartera.
  3. Pérdida de tiempo de gestión eficiente de la cartera y por tanto alto coste de oportunidad para aprovechar las oportunidades en otros mercados.
  4. Pérdida de confianza y autoestima por la oportunidad perdida.
  5. Pérdida de la objetividad para acabar sucumbiendo ante la “irracionalidad del miedo”.
  6. Aumento de la intolerancia al riesgo cuando el mercado se acerca al final de las caídas, reduciéndose nuestra capacidad racional y monetaria para aprovechar nuevas oportunidades.

El tercer error es no saber aceptar una derrota.

Un buen gestor, asesor o inversor no es el que gana en todas sus operaciones, sino el que entiende que para ganar a veces tiene que perder.

Primero, porque en el proceso de diversificación a menudo hay que tener activos que te cubran de alguna manera el resto de posiciones.

Segundo, porque debemos entender que podemos equivocarnos, lo cual no es malo, es el simple reconocimiento de que día a día se van descontando nuevas noticias que mueven el mercado en una u otra dirección.

Reconocer una pérdida a tiempo te permite obtener los siguientes beneficios:

  1. Minimizar las pérdidas a la espera de un cambio del entorno y evitar así descapitalizarte.
  2. Disponer de liquidez para aprovechar los descuentos en precio cuando el contexto mejore.
  3. No aumenta la aversión al riesgo del inversor, por lo que podemos mantener la objetividad y evitar el efecto bucle de la “irracionalidad del miedo”.
  4. Mantener la humildad frente al mercado. Esto nos evitará muchos disgustos a futuro.

Por lo tanto, invierte tu capital a largo plazo pero con control a corto, márcate objetivos de rentabilidad y acota tus pérdidas cuando se produzcan. Esto te hará tener un control sobre tu cartera de inversión.

Así es como trabajamos en sigue mis fondos, lo cual nos permite buscar rentabilidades consistentes año a año, y en el peor de los escenarios, preservar capital.

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